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Tres años me tiré sentado en una escalera. Y trabajando.
Apenas podía moverme de Madrid. Acudía ciertamente a los festivales de la canción que proliferaban por España y Europa- acudí como enviado especial a más de una decena de los de San Remo - recuerdo uno especialmente en que se presentaba allí a nuestra Marisol - MIDEM y Eurovisión -, pero no conseguía emprender un viajecillo por libre. Encontré la manera, gracias a una quiebra o bancarrota o suspensión de pagos.
Apoyado por el nombre que había conseguido en Radio Madrid y en la revista, me puse a trabajar en una organización llamada Radiosistema, dedicada a la producción de programas para todo el mundo. Al cabo de un tiempo, el negocio se fue a pique y me pagaron mis sueldos acumulados, con pasajes aéreos de intercambio publicitario.
Eché mano de un mapa y sentí como que todo el mundo era mío. Podía ir prácticamente a donde quisiera. Emprendí ruta. Ruta hacia el Oriente. Me fui de Madrid, a Atenas, de allí a Egipto, Karachi (al aeropuerto, porque olía tan mal la ciudad que sólo estuve en ella el tiempo preciso para cambiar de avión), a Tailandia, China, India, Japón... Armado de mis cámaras fotográficas -había empezado poco antes a coleccionarlas y a apasionarme por la fotografía- solo, como siempre, me recorrí durante tres meses todo Oriente. Comí carne de serpiente, me bañé en el Ganges y por primera vez en mi vida sacaba fruto sensible a años de trabajo. Pocas veces he gastado el dinero tan bien como aquella.
También por primera vez estaba lejos de la música, lejos de los agobios diarios, de la agenda abarrotada de programas, visitas, comidas y reuniones. Ya en 1970 celebraba yo "desayunos de trabajo"- entonces todo un signo de distinción, qué cosas - tan agobiado estaba yo de preocupaciones.
Mi media vuelta al mundo (no podía ser completa porque mis pasajes me impedían aterrizar en Estados Unidos) fue una de las aventuras más apasionantes que recuerdo. Y desde entonces intento repetirla, pero ¿cómo? ¿Dónde encontrar tiempo para un viaje de este tipo? ¿Cómo dejar solos a los niños? ¿Cómo borrar de un plumazo los compromisos laborales contraídos a veces con meses de anticipación? Es agradable a veces ser conocido, trabajar en televisión, ganar dinero. Pero a costa de cuántas renuncias. Perdiendo incluso lo que a uno más le gusta hacer
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