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Las fotos fue el primero de mis "hobbies". Hace unos años he adquirido otro más estupendo aún. Colecciono rinocerontes. Tengo unos cuatrocientos, el mayor de doscientos kilos y el más pequeño de unos gramos: de cuero, cristal, madera, piedra, cerámica, metal, barro. Incluso pintados de ex profeso por algunos amigos pintores, como el impresionante dibujo de Fernando Calderón con la imagen de Franco en su lomo .
Se me olvidaba. Este fue otro de mis "hobbies" favoritos: aprender idiomas. De momento me entiendo bien en inglés, francés, portugués, italiano y alemán, pero me he tirado varios meses estudiando ruso, chino, malayo, suahilí, árabe, japonés. Nunca sabe uno dónde van a ir a dar sus huesos y más vale poder entenderse con la gente.
Lo que esencialmente yo he ido aprendiendo a lo largo de los años es a tratar a la gente. No sólo cuando hay una cámara delante, sino todo el tiempo. Reconozco que me fastidian los agobios del "mira, ese es Iñigo", las peticiones de autógrafos, las llamadas telefónicas para cualquier cosa, tener que peinarme por lo fino una vez a la semana, pero salgo airoso la mayoría de las veces. Resulta muy curioso que quien me conoce poco dice que soy un tipo muy simpático; los amigos y los que trabajan a mi lado aseguran que no tanto, por lo menos no siempre. Claro que para ellos no soy ningún divo, lo cual es lógico. Y tienen que aguantarme cuando ando por la vida hecho una furia a causa de mis regímenes alimenticios. Me gusta comer como a un león, y resistir las ganas es un suplicio.
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