Cada uno tiene sus manías y las gentes de la música, evidentemente también las tienen como seres humanos que son. A los cantantes, hubo un tiempo que, sobre todas las cosas, les preocupaba el “cerrar”. Es decir, ser el último en cualquier programa de televisión o espectáculo. Los de más categoría se negaban en rotundo a no aparecer poniendo la última palabra en cualquier emisión. Así la cosa durante más de veinte años...

Pero esto, como todo, también cambió. Y cambió un buen día en que se me ocurrió abrir en “Fiesta” con lo mejor de nuestro programa. Recuerdo que tocó el turno a Gilbert Becaud y el hombre encantado abrió el programa. A partir de ahí, todos los demás siguieron su ejemplo. Y lo que en un tiempo era impensable, hoy es norma de ley. Todos los artistas preguntan a llegar a Prado. “Yo abriré el programa ¿verdad?”. Las modas y los modos cambian, si se sabe cómo hacerlo...

Otra de las manías de los cantantes es la de la entrevista. Debe ser por una cierta inclinación al egocentrismo. A todos les encanta ser entrevistados, decir sus cosas. Lo malo es que muy pocos tienen algo interesante que contar y la mayoría pierden en un momento, al hablar, los muchos admiradores que han logrado al cantar. Pero no obstante, insisten e insisten en hablar y a veces, nosotros mismos caemos en la tentación de dejarles, y luego claro, pasa lo que pasa...

Los cantantes son, por regla general, grandes “chupadores” de pantalla. Es como si fuera un vicio. Quieren cantar muchas canciones para permanecer en la pantalla, quieren ser preguntados, quieren... quieren todo. Y a veces, muchas veces, lo consiguen.

Otro tanto pasa con las gentes del teatro. Estos lo único que quieren decir es dónde actúan. Quieren hablar de su obra, de lo felices que son, de lo maravilloso de su papel y del teatro en el que trabajan. Es como una obsesión. “Pregúntame en qué teatro estoy...” me dicen una y otra vez. Con lo claro que está que quienquiera que tenga interés en ver la obra X con el actor X tendrá necesariamente que ir al teatro X. Pues nada, dale que dale, actores y actrices, luchan y luchan por soltar el nombrecito en cuestión. Y eso, claro, es publicidad. Causa problemas por lo general al entrevistar y molesta al espectador.

La más avanzada en estos decires televisivos es sin duda el actor Pepe Rubio, temido por los entrevistadores de Prado del Rey por sus “valentías” en este sentido. No sólo dice el nombre del teatro, sino hasta el precio de las localidades. Como Gómez Bur que es otro de los finos, en esta cuestión. O Jaime Salom el de “La Casa de las chivas”. En fin, que sabemos quienes son, y nos reservamos muy mucho las ocasiones a llamarles...

Y es que la publicidad, y eso es pura publicidad, tiene un precio y otros canales que no son los de la entrevista ni la sorpresa al entrevistador...


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