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Uno ha tenido, en su modestia, la ocasión de conocer a las mujeres más bellas del mundo de la pantalla. De los cinco continentes han llegado a Prado del Rey para ser entrevistadas en nuestros programas. Gina Lollobrígida es casi de las habituales. Siempre espléndida, radiante, sin temores, enfrentándose con gallardía al paso de los años, que no perdonan a nadie. Es de las que necesitan una copita antes de salir. Rita Hayworth, por el contrario, cien, o más o todas. Al llegar a Madrid nos advirtió su agente que la entretuviéramos para evitar que bebiera. Y así, y por eso, desde las cuatro de la tarde hasta las once de la noche en que debía ser entrevistada, la estuvimos maquillando y desmaquillando, peinando y despeinando, engañándola, en suma, para evitar que se diera un garbeo por nuestro bar. Al final Rita, en un arrebato de nervios, armó la marimorena porque se había olvidado algo en el hotel que necesitaba con urgencia: sus bragas.
Así que un miembro de nuestro equipo, ni corto ni perezoso, ¡todo fuera por el programa! se marchó al Hotel Palace por la dichosa prendita. Como para contárselo a cualquiera...
Jacqueline Bisset ha sido la sensación entre las guapas que llegaron a Prado. Causó impacto. Amable, simpática, deliciosa, en suma. Así da gusto trabajar... Aunque la verdad debe ser dicha. Las actrices cuanto más importantes, más amables.
Catherine Deneuve llegó pronto al programa aquel día. Quería descansar un poco antes de aparecer en pantalla. Con aires de señora importante, llenó la pantalla. Rezumaba categoría. Serena al contestar, con un francés dulce, suave, fue un encanto en la entrevista. No habló de sus hombres y de ningún asunto privado, porque eran -dijo- precisamente privados.
Habría cientos de nombres que recordar entre nuestras visitantes. Abbe Lane, sin Cugat, radiante de belleza;
Ursula Andress, elegante hasta sorprender, Ira de Furstenberg, llena de clase; Bárbara Bouchet, dispuesta a desnudarse a la menor insinuación... en el cine, claro, y por buen dinero; Jane Birkin, simpática, bellísima, sensual, sencillamente deliciosa; Nadiuska, inteligente y preciosa, quien iba a predecir entonces su incierto y triste futuro; Sara Montiel, pendiente siempre de las luces y las cámaras... no vaya a ser que un mal plano...; Sara Miles, la delicada actriz británica, con aspecto de colegiala, pero ya, ya... Y ¿cuántas más? La lista es interminable.
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