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Si alguna vez desaparezco, que me busquen en Londres. Esto debe quedar muy claro desde el principio. No sé en qué barrio de Londres, en qué rincón de la ciudad, pero allí estaré. Pobre, rico, desconocido o famoso, allí estaré.
Y eso que el Londres de hoy no es el Londres de ayer, no es el de Carnaby Street y The Beatles, el de los ropajes inverosímiles y las revoluciones sociales a diario. No importa. Como sea, estaré en Londres. Ahora la gente prefiere irse a esquiar a Gstaad, a bailotear a la isla de Bali, a fumar marihuana a Katmandú y fotografiar rinocerontes en Kenya. Estupendo, nada que objetar. Pero a mi que sigan dándome Hyde Park, las riberas del Támesis, los restaurantes del Soho y todo el resto.
¿Me gusta tanto Londres porque -dicen- que Bilbao se parece a Londres?. ¿Me gusta tanto Londres porque allí me hice todo un hombre e incluso me dejé bigote?
El caso es que "Mister Ritmo", como cualquier otro ciudadano, tuvo un día que irse a la "mili". Y como todo el mundo debe saber, en la "mili" no había programas musicales ni becerradas vespertinas para regocijo de "fans".
Pasé más frío en los meses que pasé en el campamento de "El Carrascal", junto a Pamplona, que en toda mi vida. Mas voy a omitir el relato de mi vida en la milicia, porque se parece demasiado a todas las demás vidas en milicia. Al igual que todo hijo de vecino, llevé dignamente el caqui y el "cetme", conocí a algunos tipos curiosos y tuve algún tiempo para meditar. Una amistad que sería luego importante en mi vida nació al amparo de las colchonetas y los chuscos: Pedro Olea, el hoy director de cine. Más adelante contaré por qué fue muy importante este encuentro. Ahora ando metido en Londres.
De las meditaciones cuarteleras (en estos casos uno piensa mucho en las chicas, qué le vamos a hacer) saqué en limpio que si deseaba que "Mister Ritmo" fuera todo un señor tenía que largarse a Madrid. No es agradable dejar el micrófono familiar, el jequecito que uno se ha hecho, el bonito salario, los aplausos de los que te conocen y meterse en Madrid. Pero lo hice. Para no andarme por las ramas – cosa que nunca me ha gustado mucho – me fui directamente a hablar con el Director de la Cadena SER, a la sazón Eugenio Galdón, todo un personaje de la historia de la radiodifusión en España.
- Bueno, ¿ y usted quien es? – creo que me preguntó. ( Todavía no vestía yo bigote, así que no tenía por qué conocerme)
- Pues mire usted, allá en Bilbao me llaman "Mister Ritmo". Hago programas musicales. Soy "disk-jockey".
Que si quieres. En Radio Madrid – vino a decirme Don Eugenio – sólo trabajaban primeras figuras, primerísimas figuras. Voces superconocidas. Yo no era más que un chico de provincias con buenas intenciones y un currículo muy ruidoso, pero de escaso prestigio. Además eso de venir "de provincias"...
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