|
La "operación BBC", después de las angustias londinenses, dio feliz resultado. Rellené las maletas, me hice a mí mismo las promesa de no comer tortillas en una buena temporada.
Inicié enseguida un programa musical en Radio Madrid llamado "El Musiquero" que más tarde se convertiría además en una revista exclusivamente musical. Con el programa citado y con "El Gran Musical" en el que relevé a Tomás Martín Blanco, que llevaba diez años presentándolo, me convertí en la terrorífica pantera de la música española. Había aprendido mucho en Londres, no sólo la técnica de una radio joven, sino también de cantantes, canciones e industrias musicales, y toda esa experiencia la volqué en Radio Madrid. Había muy pocos en la capital, allá por el año 66 que estuvieran tan impuestos en ese campo.
Muy pronto me hice famoso por mi voz, mi estilo, mi técnica y sobre todo por los "palos" que en forma de crítica repartía a diario desde el micro. Era el auténtico terror de los cantantes. No me casaba con nadie. Decía lo que sentía. Y, en contrapartida, era un pequeño ídolo de los oyentes. De hecho, llegué a tener más "fans" que muchos de los cantantes famosos. Nunca en España un presentador de discos había sido tan conocido. Conocido, temido y criticado, por supuesto.
Pues si yo criticaba, no podía esperar que todo fueran aplausos. Si ahora mis impulsos críticos – con otra profesión, más lejanía, más años y más serenidad, han remitido mucho, en aquella época, no me dolían prendas. Si un disco me parecía malo, lo decía con toda la tranquilidad del mundo y con las debidas palabras, no a medias. Era muy agresivo. Creo que me encantaba en Madrid demasiado solo, lo mismo que en Londres, y descargaba mis furias contra los cantantes.
Volver - Siguiente: Cincuenta "foulards"
|








|